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“PARA QUE LA JUSTICIA SEA INJUSTA,
NO HACE FALTA QUE SE EQUIVOQUE, BASTA CON QUE NO JUZGUE CUANDO TIENE QUE
JUZGAR”
Este es un somero relato de la tragedia que vive nuestra familia hace
tres años, con motivo del crimen que llevó a la muerte a nuestro hijo
Francisco, de tan solo 19 años, quien fue víctima de un homicidio ocasionado en
el Sanatorio Otamendi y Miroli S. A. prestatario de la prepaga MEDICUS.
Hace ya más de 3 años y medio que iniciamos la causa penal contra
los médicos culpables de su muerte, los cuales luego de un incalificable acto
de mala praxis, quisieron ocultar su accionar, trasladándoles su
responsabilidad a otros colegas. Lo que representa de por si un crimen aun más
grave. El mismo día de su
fallecimiento, 6 de octubre de 2007 04:00 am, y apenas pasadas cinco horas de
su muerte, la policía de la comisaría 19, por orden del fiscal de turno,
secuestró la historia clínica y esa misma tarde se le practicó la autopsia en
la morgue judicial donde se constató el hecho de mala praxis.
Para dar una sintética
explicación de lo acaecido, podemos señalar que nuestro hijo fallece por una
falla multiorgánica producida por un shock hipovolémico producto de no
habérsele suministrado sangre suficiente durante la cirugía, por no haberse
realizado las maniobras necesarias durante la intervención para calcular cuánta
sangre perdía y así saber cuánta reingresarle a su cuerpo. A pesar de esto Fran
no fallece durante la cirugía, sino que los médicos intervinientes en vez de
hacer algo para revertir la situación, lo envían a una habitación común en el
3º piso del citado sanatorio, diciéndonos a nosotros y a los médicos de piso
que nuestro hijo estaba en excelentes condiciones de salud y que la cirugía
había sido un verdadero “éxito”. Después de haberlo dejado agonizando 4 horas,
nuestro hijo fallece.
El equipo médico de
quirófano externó a Francisco aviesamente a una habitación común, no a terapia
intensiva como correspondía en una cirugía de tan larga duración (más de 6
horas) y lo hicieron sin informar a los médicos de piso acerca de la verdadera
gravedad del estado en que se encontraba nuestro hijo.
Ante las obvias preguntas
nuestras del por qué muere nuestro hijo, el médico jefe de equipo Dr. Gabriel
Jungberg nos dice “No sé… no sé. No sé de que murió.” Por eso es que hicimos la
denuncia por muerte dudosa y mala praxis en la comisaría de la zona.
En la actualidad el juzgado
que tiene la causa, (juzgado de Instrucción en lo criminal y correccional Nº 4 a cargo del juez subrogante
Dr. Cilleruelo) ha imputado a 8 médicos y procesado al Dr. Javier Esteban Fligler Anestesiologo. A saber, Dr. Gabriel Jungberg
neurocirujano, Dr. Edgardo Agrazo traumatólogo, Dr. Carlos Zanardi
neurocirujano, Dr. Sergio Kosac neurólogo, Dr. José María Viniegra traumatólogo,
al Técnico en hemoterapia Mariano Melffi, la Sra. María Moore instrumentistay el Dr. Mario Figueroa Director de
Hemoterapia. También tomó declaración testimonial a 30 personas entre médicos,
enfermeras, tanto de Terapia Intensiva como de piso, así como también al
director médico de esa institución, Dr. Alberto Lambierto quien aceptó según su
consideración que se trató de un acto de mala praxis intraoperatorio
responsabilizando al equipo médico que efectuó la intervención, que el mismo
Sanatorio contrató.
Tenemos la Historia Clínica, la denuncia, el resultado de
la autopsia, exámenes histopatológicos, dos pericias, el informe del médico
forense de parte, todas las declaraciones testimoniales, más las pruebas
producidas por los allanamientos realizados que refrendan lo anteriormente
detallado. También tenemos las declaraciones
indagatorias de 8 imputados, aclaramos que solamente el anestesista, la
instrumentista y el técnico en hemoterapia declararon, los 5 médicos SE NEGARON
A DECLARAR y Director de hemoterapia todavía no fue llamado a indagatoria.
Tenemos sobreabundancia de
pruebas, lo que NO tenemos hasta el
momento es justicia. A la fecha, a más de 3 años y medio del homicidio, el
proceso aun continúa increíblemente en la etapa de Instrucción. Cabe destacar
que en Art. 207 CPPN (Código procesal penal de la nación) dice: “La instrucción deberá practicarse en el término de
cuatro (4) meses a contar de la indagatoria. Si ese término resultare
insuficiente, el juez solicitará prórroga a la cámara de apelaciones, la que
podrá acordarla hasta por dos (2) meses más, según las causas de la demora y la
naturaleza de la
investigación.
Sin embargo, en los casos de suma gravedad y de muy difícil
investigación, la prórroga otorgada podrá exceder excepcionalmente de dicho
plazo.” Destacamos que nuestro caso no es de difícil
investigación en cuanto el juzgado cuenta, a diferencia de otras causas, con
una infinidad de pruebas, cada una de las cuales, por si sola, ameritan un
procesamiento.
En una investigación titulada “La duración del
proceso penal de la
República Argentina” difundida por la “Fundación Konrad
Adenauer” cuyo autor Adrián Marchiso, Director de la oficina de investigación y
estadística política criminales de la procuración general de la nación,
Ministerio Público Fiscal de la República Argentina dice: Pág. 15 (...) “...del estudio de todos los casos analizados en esta
investigación se advierte en promedio que la instrucción dura 11 (once)
meses...”
Desde el fallecimiento de
nuestro hijo hemos denunciado públicamente que todos estos médicos siguen
ejerciendo, siguen operando y tal vez sigan matando o arruinándoles la vida a
otros pacientes. Algo terrible e inaudito. Esto lleva a la inmediata reflexión
acerca de por qué a un arquitecto, por poner un ejemplo, le retiran la
matrícula provisoriamente cuando se cae un edificio, y en el caso de un grupo
de médicos, no solo sospechados sino con abundantes pruebas de su culpabilidad,
siguen ejerciendo como si nada hubiera ocurrido.
Queremos resaltar que la Mala Praxis que
provocó la muerte de nuestro hijo no registra precedentes y si la justicia
actúa debidamente se puede sentar importante jurisprudencia, por la cantidad de
acciones, omisiones, incumplimientos, encubrimientos e incluso un accionar
doloso cometido por parte de los demandados.
Enfatizamos en que todas las
dificultades que hemos encontrado en estos años en el ámbito judicial no
tenemos dudas de que surgen de enfrentar a la poderosa corporación médica
privada. Su influencia no solo es decisiva en el ámbito de la medicina, sino
que se manifiesta a veces descaradamente en la esfera de la justicia, a sabiendas
de que ella es el último recurso y esperanza de la ciudadanía.
La medicina privada
tristemente se ha convertido en un negocio, hoy más que nunca. Ya no se
preocupan por nuestra salud, solo les importa el monto de dinero que
ganarán a costa de nuestras vidas. Deseamos fervientemente que esta
realidad del sistema sanitario privado encuentre prontamente un fin, porque
todos somos posibles futuras víctimas de su mal obrar, su desidia y su
corrupción.
“PARA QUE LA JUSTICIA SEA INJUSTA,
NO HACE FALTA QUE SE EQUIVOQUE, BASTA CON QUE NO JUZGUE CUANDO TIENE QUE
JUZGAR” Dra. Aida Kelmelmajer de
Carlucci
“FRANCISCO, NO VAMOS A OLVIDAR” |